Mi nombre es Eva
Desde 2005 recibiendo terapia psicológica (creyendo que yo era la que tenía algo defectuoso y había que resolverlo ya de ya), alternando más tarde con otro tipo de terapias alternativas (también con ánimo de perfeccionarme – agotador).
Después de realizar tropocientas formaciones (desde el “nunca es suficiente”), más de 10 años trabajando como docente y educadora social en el ámbito de la educación pública con adultos y adolescentes (el mundo está fatal, ¡¡hay que hacer algo!!), y sobre todo a través de mi experiencia en el campo de crecimiento (trans)personal, que se ha convertido en mi dedicación a tiempo completo, me lancé a acompañar en procesos de despertar de consciencia (por supuesto yo soy la primera que está en este camino, que nunca acaba y que siempre acaba de empezar).
Ahora ofrezco un espacio totalmente libre de juicio, en el que recordar lo que realmente somos, a qué hemos venido a este planeta, justo en este momento taaaan movido y aparentemente caótico.
Cada uno de nosotros experimentamos malestar físico, mental y emocional en mayor o menor medida, vivimos experiencias traumáticas, sentimos dolor, pena y sufrimiento… y esto nos hace tener la tendencia consciente e inconsciente de buscar solucionarnos, perfeccionarnos y encontrar un estado en el cual podamos disfrutar de la felicidad eterna.
El camino para alcanzar esa “felicidad” (que yo ahora sé que se refiere a “mi verdadera paz interior”, a pesar de la incomodidad) no pasa, precisamente, por alejar de nosotros determinadas experiencias, o el deseo de atraer otras, sino por recordar que no somos eso, que somos el ser que experimenta todo eso a través del cuerpo (físico, mental y emocional), y esto cambia el cuento totalmente.
Porque dejamos de luchar y de intentar resolver y sanar todo el tiempo a nuestro personaje, para pasar a utilizar todo esto como oportunidad y herramienta para RECORDAR y no perder de vista el camino que nos lleva hacia una paz y libertad reales, no las de mentirijilla.

¿Qué más puedo contarte de mí?
Nací en Granada (o como dicen allí, Graná), pero me he criado en Almería. Y aunque he dado más vueltas que un trompo yendo de aquí para allá, actualmente vivo en un pueblo de la sierra en la Alpujarra Almeriense, y es aquí donde se ha materializado uno de mis sueños…
Desarrollarme y crecer a través de mi rol de Terapeuta Transpersonal (era lo más parecido que mi personaje encontró para dedicarse a lo que sentía), aunque ahora me llaman Entrenadora Personal de la Presencia.
También me experimento como chica rural junto a mi maridín, estamos creando un proyecto ilusionante y motivador. Una vida más libre y autosuficiente, en mitad de la naturaleza, de la sierra mediterránea, donde ya estamos compartiendo esta nueva forma de vivir, más consciente, más desde el amor, desde el respeto y desde la paz y la libertad reales.
Mi personaje más potente siempre ha sido la niña (muy) buena
que se portaba siempre muy bien, sacaba muy buenas notas, era la hija, hermana, novia, alumna “ideal”… era prácticamente ‘perfecta’, aunque a su vez intentaba perfeccionarme (¡mae mía!). Además, buscaba desesperadamente amar y que me amaran, sin saber muy bien cómo. Y así he crecido, creyendo que todo tenía que ser perfecto, no podía tener problemas (ni darlos), ni ponerme enferma siquiera. Para mí todo lo que no fuera estar siempre bien a ojos de los demás, o no conseguir resolver los problemas del resto, era un fracaso, algo estaba haciendo mal, tenía que buscar otra manera aún mejor. ¿Y todo por amor?
Y yo, inocente de mí, iba intentando “arreglarme” y “arreglar” a todo el mundo para que fueran ‘perfectos’, lo cual a veces parecía funcionar (con lo cual mi patrón de salvadora se veía muy reforzado), y otras era como pegarme calamonazos contra la pared (lo cual reforzaba mi rol de víctima y de no estar a la altura)

Más perdida que un pulpo en un garaje…
…me puse a buscar como una loca formas alternativas de vivir para no enfermar, para no sufrir dolor, para no sentir pena, para evitar cualquier situación que me produjera malestar, para amar y ser amada… (aquí comienza mi recorrido en el ámbito de lo transpersonal y la vida consciente).
Como el detonante de mi primer gran cambio de rumbo fue la enfermedad y el fallecimiento de mi padre, diría que “el no enfermar” fue el motor que me llevó a probar formas alternativas de vivir. Y mis primeros pinitos fueron practicando yoga (hasta formarme como profesora por la Yoga Alliance) y experimentando con la alimentación “sana”… con lo que nació mi primera experiencia como bloggera, especializada en alimentación consciente, integral y natural… Biococina con Pitufina (otra parte más de mi historia personal que puedes cotillear aquí)
Más tarde comencé a leer, estudiar y, sobre todo, a experimentar sobre aquello de que somos energía, de que somos un alma que habita un cuerpo… que no somos nada de lo que creíamos ser hasta ahora, que la vida, el mundo, la historia sobre la humanidad no es como nos han contado, que no somos los pensamientos, las emociones, nuestros actos, nuestras palabras. ¡¡Pero lo más fuerte de todo, es que pasó de ser una teoría a ser una verdad en mis células!! ¡¡Wooooow!!
Un revolcón en toda regla. Y después de un revolcón de consciencia detrás de otro, y de respirar y acumular segunos de presencia a punta pala… llega el momento en el que me lanzo a dejar mi puesto de funcionaria para acompañar en este camino que ha revolucionado y transformado mi vida completamente.
Una vez leí en no sé dónde: “No tienes por qué averiguar cuál es tu misión en la vida, porque tu misión es vivir”, y me dije ‘guaaauuuuu, y yo aquí dejándome el pellejo para hacerlo todo perfecto y maravillosamente bien (a ojos del mundo) cuando solo tengo que dedicarme ¡¡a vivir!!’. Y desde entonces me liberé de tal manera que simplemente vivo (ahora sabiendo y sintiendo que soy un alma y tengo un cuerpo, y no al revés), sobre la marcha y lo mejor que puedo, desde el nivel de conciencia que tengo en cada momento, sin intentar “arreglarme” para ser ‘perfecta’.
Porque si algo tengo claro es que…
NO HAY NADA QUE SANAR NI QUE PERFECCIONAR. ¿Cómo te quedas?


